Cada día más, afortunadamente, comprobamos cómo los adolescentes y jóvenes demandan ir al psicólogo cuando no se sienten bien emocionalmente, cuando sienten que por los mismos no están siendo capaces de gestionar lo que les está pasando.

Vienen con dudas, por supuesto, pero motivados y con una expectativa de apoyo y de resolución y afrontamiento. Vinculan estupendamente desde su necesidad y su esperanza, y trabajan esforzándose durante el proceso de psicoterapia mucho mejor que muchos adultos.

Su ilusión y entusiasmo cuando van viendo que avanzan y mejoran, y sus ganas de transmitirlo a sus familiares y amigos, y de compartirlo, son dignas de mención.

No se sienten bichos raros, ni sienten vergüenza ni reparo en decir que van al psicólogo, quieren aprender a cómo poder ser mejores personas desde una mejor gestión emocional.

Ojalá muchos adultos tuvieran la misma inquietud y capacidad para poder ayudarse a estar mejor. Sólo es necesario dejar atrás prejuicios basados en malas experiencias anteriores, vanos intentos o desconocimiento, y apostar por lo nuevo, por lo diferente, y permitirse el cambio.

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