EL DIVORCIO DE LOS PADRES, NO DE LOS HIJOS

Queremos resaltar en este artículo el impacto que una separación o divorcio puede llegar a tener en un niño, siempre desde una intención preventiva, porque, llegado el caso, las consecuencias emocionales negativas que siempre se van a presentar pueden ser menos intensas y duraderas si los padres tienen en cuenta una serie de factores.

Resulta siempre gratificante cuando una pareja acude a consulta antes o justo después de tomar la decisión de romper la pareja, para pedir asesoramiento acerca de la mejor manera de comunicárselo a sus hijos, y de las pautas de comportamiento que es más aconsejable tener de cara a ellos a partir de ese momento, porque realmente son conscientes de la importancia que todo ello puede llegar a tener a corto, medio, e incluso a largo plazo en la mayor o menor estabilidad emocional de los niños.

Independientemente de la edad evolutiva y de su madurez emocional, la separación siempre va a tener un efecto sobre el mundo emocional y comportamental del niño. En función de la edad, de la capacidad cognitiva, de la madurez psicológica y social, etc., el niño va a comprender y a interpretar la separación de manera diferente y va a presentar como reacción una serie de síntomas, que incluyen en mayor o menor medida: malestar, ansiedad, temor al abandono, regresiones a etapas anteriores, sentimientos de culpa, depresión, miedo al reemplazo, rabia, síntomas somáticos, problemas de sueño, de alimentación, rechazo hacia uno de los progenitores, inhibición, alteración en sus relaciones sociales, bajo rendimiento escolar, agresividad, alteraciones de identidad, conflicto de lealtades, hipermadurez, etc.

Los padres han de ser responsables y saber priorizar las necesidades de sus hijos a las propias, aunque a veces en esos momentos no sea fácil. Si se consigue mantener al niño fuera del conflicto de pareja, y mantener para él una estabilidad de relación con ambos progenitores y una estabilidad en lo referente a su entorno de rutinas (actividades, colegio, amigos, familia), evitando la sobreprotección e intentando que las diferencias de criterio existentes no le afecten, se creará una buena base de partida, y su evolución psicológica tendrá mucho mejor pronóstico.

Es importante transmitirle nuestro respeto hacia lo que piense y sienta, y darle la libertad para que pueda transmitirlo y manifestarlo, escucharle y valorar las opciones y decisiones que como adultos haya que ir tomando teniendo en cuenta siempre todo esto.

Que no se sientan utilizados, “espías”, mensajeros ni confidentes, que no se hagan responsables de lo que le pueda estar pasando a cada uno de los padres, que no tengan que tomar partido por ninguno, que puedan mantener con cada uno una relación sana en lo que se refiere a comunicación y límites necesarios en cuanto a su educación, desde el cariño y la aceptación.

Que, dentro de la inestabilidad que va a suponer todo el proceso de cambio, y del duelo que tendrán que elaborar en cuanto al estatus de familia unida, puedan seguir sintiéndose seguros.

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