LA ANSIEDAD ANTE LOS EXÁMENES

El estrés o la ansiedad del estudiante, independientemente de la edad y de la dificultad del nivel académico correspondiente a ella, es algo que ha existido siempre.

¿Quién no ha tenido los típicos nervios antes de un examen, temiendo no haber estudiado lo suficiente o quedarse en blanco?. Incluso los nervios de si se va a poder copiar y cómo preparar la estrategia por si algo falla están presentes en aquéllos que ni lo intentan…

Cada día aparecen más estudios que avalan que la situación de examen supone un estresor (motivo de estrés) para niños, adolescentes y adultos. Las manifestaciones fisiológicas y psicológicas que se pueden presentar son muy variadas: dolores de cabeza, dolores de estómago, cansancio o fatiga, alteraciones en el sueño o en la ingesta, falta de concentración y/o de memoria, etc.

El hecho es que la persona se bloquea y no consigue afrontar y resolver con éxito, y cuando esto se repite más de una vez tiende a  cronificarse y a tener un efecto devastador en la autoestima, lo que puede acabar derivando en problemas de asertividad e inhibición en las relaciones interpersonales o con los padres.

Aparecen los sentimientos de inutilidad, falta de capacidad, impotencia, frustración y rabia, que afectan directamente al autoconcepto y pueden generalizarse a otras áreas.

¿Y por qué este problema se da cada vez con mayor frecuencia e intensidad? En la consulta cada vez vemos más niños y adolescentes y jóvenes universitarios afectados que lo pasan realmente mal.

En un mundo cada vez más globalizado, en el que el objetivo que se plantea es una calidad de excelencia integrada y total, con un mercado laboral cada vez más selectivo y competitivo, es inevitable que nuestros hijos se planteen cada vez más y desde menor edad una expectativa mucho más exigente en lo que al autodesempeño se refiere, tanto en cuanto a capacidad intelectual como al desarrollo de habilidades y competencias varias.

Y por supuesto influye en gran medida la presión que padres, profesores y el sistema en general ejercemos sobre ellos, muchas veces proyectando nuestras propias expectativas y miedos.

Por ello resulta fundamental estar atentos a lo que nuestros hijos manifiesten y no sólo al resultado de unas malas notas, que pueden ser consecuencia no de una falta de interés, sino de una incapacidad de afrontamiento y de puesta en marcha de recursos que sí poseen.

 Comunicarnos con ellos y conceder importancia a la situación, no trivializarla ni reducirla a una falta de esfuerzo por su parte y castigarla, sino escucharles y pedir ayuda para poder solucionarlo.

El tratamiento con ayuda de técnicas cognitivas para disminuir la ansiedad, fortalecer autoestima y desarrollar asertividad, con la estructuración e incorporación de hábitos y técnicas de estudio en los casos que así lo requieran, siempre es exitoso, y merece mucho la pena para todos, pero fundamentalmente para ellos.

Y aportamos algo de sentido del humor:

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