TU HIJO ADOLESCENTE QUIERE SER

Todos sabemos que la adolescencia es una etapa de cambios madurativos y hormonales, pero también de crecimiento y desarrollo cognitivo, que va a influir determinantemente en quién decida ser nuestro hijo y en cómo y con quién decida relacionarse a nivel familiar y social.

Es por esta maduración en sus estructuras cognitivas que aprende a identificar, conocer, incorporar y controlar los cambios en su cuerpo, y los va encajando en su nuevo sentido de identidad.

Su forma de pensar tiende a ser más abstracta, basada en hipótesis, en lo posible frente a lo real, en lo cultural, en los ideales (justicia, valor, sinceridad, solidaridad…), y es desde esa posición desde la que va a necesitar establecer un debate constante con sus padres, desde la duda y el cuestionamiento constantes, pero no para enfrentarse, como muchos padres interpretan, sino para reasegurarse en lo que resulta adecuado o no incorporar a esa nueva identidad.

Es por ello que los padres deberíamos estar dispuestos a escuchar, a argumentar teniendo en cuenta su confusión, y a ayudarles a establecer los límites adecuados, ayudarles a ver y a entender sus contradicciones. Pueden parecer egocentristas y hasta megalomaníacos a veces, pero en realidad a veces lo que dicen no se corresponde con lo que en realidad piensan, en su cabeza hay un exceso de información que les desborda, y que provoca en muchas ocasiones dudas que se manifiestan en conductas más impulsivas.

Es fundamental, al igual que hemos hecho durante toda su infancia, dejar que sean quienes son en realidad, permitirles que desarrollen su potencial valorándolo, y darles el apoyo necesario para asumir las limitaciones que cada uno posea, guiándoles en el refuerzo de potenciar las capacidades y habilidades que sí pueden ejercer y desarrollar.

Ayudarles a encontrar qué es aquello que les define como personas únicas, a afirmar sus puntos de vista y sus valores morales, permitirles ser independientes, responsables y asertivos. Permitirles que pasen de la posición pasiva infantil a la activa mas adulta, siendo pacientes y tolerantes con ese oposicionismo que a veces necesitan manifestar, permitiendo que lo expresen, pero enseñándoles con nuestra palabra y actuación a limitarlo para que no se desajuste.

Contener su angustia en lo referente a cambios corporales (invasión hormonal, complejos, relaciones sexuales…) y mantener su confianza y seguridad en sí mismos, destacando sus logros cada vez que aparezcan, desde lo más cotidiano y pequeño, y no insistiendo en sus fallos, ya que ellos van a tender a considerarlos fracasos.

En consulta comprobamos siempre que trabajamos con ellos la gran necesidad que tienen de ser escuchados, de hablar, de pensar, de intercambiar opiniones, de disparatar y de ser excesivos a veces, todo ello para ir encajándose en quiénes son y quiénes creen que quieren y deben ser. Y hasta qué punto están demandando el apoyo de sus padres para que les hagan de espejo, y, cuando no lo tienen, cómo les hace sentirse tristes e inseguros, y lo demandan en nosotros.

Intentemos por lo menos desde el cariño y la incondicionalidad de nuestro amor por ellos descubrir juntos a las personas que son. Y si no sabemos cómo hacerlo o surgen conflictos que no sabemos cómo solucionar, no lo dejemos pasar, consultemos a un profesional y aseguremos un futuro seguro y estable para ellos.

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