Apego

Esta es la base del apego seguro. Que una madre pueda sintonizar emocional y físicamente con su hijo desde que nace, que sepa interpretar las sensaciones fisiológicas, los gestos, los lloros, las posturas, las miradas.

Que pueda atender y cubrir lo que necesita, empatizar con ello, y que pueda hacerle de espejo, para que el bebé aprenda por qué se está sintiendo así y cómo regularlo, de manera tranquila y segura, que ambos aprendan juntos cómo sostenerlo.

Y para ello es fundamental que la madre pueda conexionar con sus propias sensaciones y emociones primero. Y esto no es siempre posible, por carencias o traumas previos en su propio sistema de apego, o porque las circunstancias en ese momento no se lo permiten.

Cuando todo lo que es necesario para generar ese apego seguro no sucede, el bebé aprende a desconectar de sus propias necesidades y sensaciones al comprobar una y otra vez que no son cubiertas, e va incorporando de manera ansiosa como si fueran propias las necesidades y emociones de su madre, para sentirse vinculado.

Es por eso que muchos adolescentes y adultos mantienen esa desconexión propioceptiva incorporada, y no saben identificar, ni discriminar, y mucho menos regular, sus sensaciones fisiológicas y sus estados emocionales, desregulados de base.

Eso no significa que no podamos ayudar a esa madre a establecer esa conexión cuando no está pudiendo, en la frustración que eso genera, o que no podamos ayudar a ese bebé, que, ahora adulto, acude a nosotros porque no sabe ni cómo se siente ni qué necesita, ni sabe vincular ni interaccionar con los demás.

Podemos reparar, reconexionar, regular y estabilizar; trabajar juntos para ayudarte a conseguirlo.

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