No confundas ser fuerte con que nada te importe.

Muchas veces, cuando estamos muy heridos, creemos que la fortaleza reside en evitar sentirnos mal, en no sentir el dolor, en hacer como si eso no estuviera ahí.

Nos sentimos invencibles y capaces porque somos capaces de pasar de todo lo malo, y de que todo lo negativo en nuestras vidas nos de igual también. El gran problema de todo esto, es que al psiquismo le es muy difícil discriminar en muchos momentos, la disociación se impone de manera generalizada, y nos acaba por dar igual incluso lo bueno.

Simplemente dejamos de sentir, actuamos de manera impulsiva, no nos permitimos pensar, sólo accionamos y llenamos nuestro tiempo para evitar conectar con lo interno dañado. Estamos irascibles, susceptibles, caóticos, presumimos de eficacia porque no nos dejamos vencer por la tristeza, pero…

Lo cierto es que el dolor sigue ahí, y cuanto menos queramos escucharlo, más intensa va a ser la sensación de lucha y de agotamiento, y menos energía va a quedar para poder solucionar de manera eficaz lo que el día a día nos demanda.

Es mucho más operativo notar esa tristeza y todo lo negativo, y aprender a procesarlo, sin quedarse invadido por ello. Eso sí que implica fuerza y valentía, y eso sí puedes elegir hacerlo.

Sólo tienes que darte la oportunidad de que lo hagamos juntos. ¡No esperes más!